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Mostrando las entradas de julio, 2020

Nada es gratis

Alguna vez soñé que: Justo en estos días han venido a mi mente algunas ideas sobre la gratuidad de la educación pública y las diferencias sustanciales que mantiene con las instituciones privadas o particulares. Según el artículo 3o. constitucional, la impartición de la educación por parte del Estado mexicano debe ser inclusiva, laica y gratuita; esto último, está reflejado específicamente en lo que respecta a los salarios de los docentes. Si no fuera por este factor, el de los sueldos de los trabajadores de la educación, no tendría razón ni justificación que se conservara esta etiqueta. Hay otro tipo de casos, relacionados con la infraestructura y el mobiliario, en que las autoridades de distintos niveles gestionan recursos para mejorar las condiciones de los planteles, pero no son constantes ni equitativos. Ejemplo de esto último es que mi centro de trabajo lleva ya seis años funcionando sin tener un espacio propio ni adecuado para la atención de jóvenes de Media Superior. Si no se ha...

Una particular anécdota

Alguna vez soñé que: Cuando comencé a dar clases, lo hice en una escuela particular: el Instituto BUSPEC. Al principio sólo eran clases de computación para niños y poco a poco fueron personas de mayor edad. Ya desde entonces llevaba yo el cabello largo y no representó ningún inconveniente para la escuela el que decidiera hacerlo así. Ese gesto lo aprecié bastante, pero no fue lo único ni lo más importante. Creo que el haber formado parte de ese equipo de trabajo me hizo bien y hoy doy constancia de ello, porque así como lo hicieron conmigo, también dieron esa oportunidad de desarrollo laboral a otros jóvenes profesores para demostrar sus habilidades y conocimientos. Afortunadamente, estuve bajo el liderazgo de buenas personas que orientaron mi desempeño y toleraron algunas equivocaciones. También ahí conocí a algunos alumnos que hasta hoy admiro por una curiosa situación: tomaban clases los domingos. "¿Quién estudia los domingos?" me preguntaba muy a la ligera, pero pronto me...

Ganar sin competir

Alguna vez soñé que: Entre 1996 y 1999 cursé la secundaria en la Técnica 63 de La Margarita. Cuando apenas iba a ingresar, mi mayor afán era que me tocara el taller de Informática. Mi grupo, el F, se caracterizó por ser académicamente el mejor a pesar de los lamentos del A, y durante esos tres años solamente una vez estuve en el cuadro de honor. Por razones de las que poco a poco he ido perdiendo claridad, durante 3er año me eligieron para ir al concurso de tecnologías en la zona escolar. Gané el Primer Lugar y el derecho a ir al concurso estatal, que fue en Tehuacán, donde no tuve la misma suerte. Lo que quiero rescatar de esa situación está en referencia a un buen amigo de mi círculo de amistades del grupo de danza: el Dani Hijo. Desde que regresé a la escuela, después de haber ganado el primer concurso, no dejó de cabulearme con que seguramente había obtenido el primer lugar porque me habían puesto a prender y apagar la computadora, y que si en el estatal ya no pude, fue porque ahí ...

¡Mamá, prende la grabadora!

Alguna vez soñé que: Afortunadamente, tuve un padre y una madre trabajadores. También de manera envidiable, mis abuelos, tíos, primos y toda parentela imaginable, nos han tendido la mano para apoyarnos en cuidados desde temprana edad. Considero esto importante porque de no haber sido por ellos, la voluntad de mis padres para superarse no hubiera sido suficiente en aquel momento. Mis primeros recuerdos se remontan a cuando mi madre me llevaba a la estancia infantil y en ocasiones tenía que ir a su trabajo hasta que terminara su horario laboral. Mientras ella en su escritorio ordenaba folios, a un lado yo pintaba, escribía o recortaba. Cuando me tocó ir a la primaria, estudiaba yo las tablas de multiplicar y las capitales de los estados mientras ella frente al lavadero atendía los trastos o la ropa. Fuimos cinco hermanos y de a poco descargaba esa supervisión de las tareas en los que ya habíamos pasado por aquellos grados en los que ahora otros estaban. El trabajo de mi padre no le p...