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Ganar sin competir

Alguna vez soñé que:

Entre 1996 y 1999 cursé la secundaria en la Técnica 63 de La Margarita. Cuando apenas iba a ingresar, mi mayor afán era que me tocara el taller de Informática. Mi grupo, el F, se caracterizó por ser académicamente el mejor a pesar de los lamentos del A, y durante esos tres años solamente una vez estuve en el cuadro de honor.

Por razones de las que poco a poco he ido perdiendo claridad, durante 3er año me eligieron para ir al concurso de tecnologías en la zona escolar. Gané el Primer Lugar y el derecho a ir al concurso estatal, que fue en Tehuacán, donde no tuve la misma suerte.

Lo que quiero rescatar de esa situación está en referencia a un buen amigo de mi círculo de amistades del grupo de danza: el Dani Hijo. Desde que regresé a la escuela, después de haber ganado el primer concurso, no dejó de cabulearme con que seguramente había obtenido el primer lugar porque me habían puesto a prender y apagar la computadora, y que si en el estatal ya no pude, fue porque ahí el nivel había aumentado y me habían pedido mover el mouse.

Este recuerdo revivió ahora que han anunciado los resultados del Certamen de experiencias de aprendizaje a distancia que convocó la comunidad Únete, y donde gané el primer lugar en el rubro de Difusión del aprendizaje del nivel Medio Superior. La razón por la que lo he evocado es porque me pregunté: ¿qué mérito tiene el haber ganado en una categoría donde nadie más se presentó? Mi consuelo y justificación son legítimas: fue una convocatoria a la que cualquier docente de alguna de las 32 entidades federativas pudo haber participado y no lo hizo, además de que el comité organizador tenía la facultad de declarar desierto el puesto en caso de no cumplir los requisitos. También, así como en mi periodo de estudiante de secundaria y en la dinámica de la broma del Dani Hijo, si nadie más supo prender y apagar la computadora, no es culpa mía. En ambos casos, uno real y otro figurado, lo rescatable es la actitud; y de eso va el contenido del video con el que participé.

El premio no es más que simbólico, es un reconocimiento y eso me llena en este caso de satisfacción, porque quizá quienes no se animaron a competir buscaban otra$ co$a$ diferentes a contribuir a la mejora e innovación de medios auxiliares en el proceso educativo.

A continuación les comparto el momento en el que se dio a conocer la noticia, y aprovecho también para invitarlos a que no se limiten y se atrevan a participar en cualquier actividad en la que puedan mostrar sus aptitudes siempre con la mejor actitud. Por cierto, acabo de recordar una fortuita referencia: para ganarse la lotería, primero hay que comprar el billete.





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