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Nene, nene ne ¿qué vas a ser cuando seas grande?

Alguna vez soñé que:

Cuando niño, vivía las alegrías del día sin otros intereses más que jugar, pero la idea de estudiar una carrera universitaria es de esos recuerdos tempranos que se instaló en mi mente gracias a un buen vecino, Dante Vidal Zarrabal. Él entonces era un joven que recibía en su departamento a otros estudiantes universitarios de arquitectura; lo descubrí cuando iba camino a la tienda, gracias a las cortinas y ventanas abiertas que no ocultaban cómo estaban dedicados -entre risas y relajo- a hacer trazos en unas mesas altas y amplias (no existía el Autocad). Fue así que quise ser arquitecto, hasta casi terminado el bachiller.

No recuerdo con exactitud si fue en el cuarto o quinto semestre que mi amigo, Arturo Pérez Tecua, me sembró la duda cuando dijo muy quitado de la pena: "deberías estudiar comunicación". Según algunas pruebas profesiográficas, podía elegir libremente y por lo tanto, seguir en la confusión. Así que llegué al polideportivo de la BUAP echándome un volado mental entre dos carreras.

Mi preparación para el examen de admisión consistió en leer, de cabo a rabo, el Periquillo Sarniento. Sin ningún método que avalara lo que yo estaba haciendo, y comparado con lo que otros compañeros emprendían (como inscribirse a cursos y comprar las guías de estudio), me tomé muy tranquilamente el proceso de selección. El día en que se publicaron los resultados como suplemento en el periódico, la gente salió desde temprano a buscar su nombre en las listas. Como ya fui tarde, en los estanquillos y con los voceadores, las filas eran largas y el tiraje estaba agotado. Me enteré que sí pasé el examen porque una amiga venía llorando y recriminándome el por qué ella no. Me sentí muy contento porque uno de los mitos en esos tiempos era que se necesitaba una alta puntuación para entrar a algunas carreras, entre ellas comunicación.

Las experiencias que viví durante la universidad fueron muy intensas y por eso las recuerdo con alegría. A mis cuates de la Monkey Gang los quiero un chingo y la buena vibra siempre se las mando aunque ya no hablemos tanto. De algunas maestras y profesores aprecio que haya conocido a las personas más allá del aula. Por cierto que en cuanto a infraestructura, nos tocó la soledad de un edificio en aquellos límites de la ciudad; hoy es todo un complejo universitario con tráfico fluido y opciones comerciales al alcance. Sólo eso, lo material, sería envidiable, porque lo emotivo, reitero, fue determinante.

Académicamente se terminó por diluir mi fama de aplicado. Si para secundaria conocí los sietes, en el cona el seis, ¿por qué no reprobar y sacar un cinco ahora? Pues me chuté tres veces epistemología, seguramente por alguna terquedad y no por incapaz (quiero pensar), pero graduarme por promedio ya no era una posibilidad. De la tesis que preparaba, vino un episodio trágico en el que perdí mis avances cuando robaron mi computadora y caí en el limbo de rehacerla luego. Después de algunos años, terminé el texto que me permitió rendir protesta como licenciado en ciencias de la comunicación.

La foto que ven debajo (y que tiene el aspecto que recuerdo de las publicaciones de El Sol de Puebla) corresponde a la graduación de la generación 2002 - 2007. No sé qué se haya perdido de mí la industria de la construcción, pero actualmente mi carrera -principalmente aplicada en la educación- me mantiene prendado.

En aquellas épocas todavía no era común tener un smartphone y de repente se me hace increíble que no haya ningún video del evento, al que por cierto me colé. Mi ego quisiera revivir el momento en el que mencionan mi nombre hasta el final porque, estrictamente por rebelde, no avisé que asistiría. 

Hasta hoy no me he matriculado para estudiar una maestría, pues sigo esperando a que llegue la indicada, pero si de algo voy seguro es que, a pesar de no ir a la escuela, nunca se deja de aprender. 

Al respecto de experiencias universitarias+, me atreví a platicar con amigas y amigos sobre su proceso formativo, y como no soy envidioso, los invito a escuchar el par de episodios que abarcan la educación superior y que fueron parte del final de la segunda temporada del Podcast 'El que no enseña no aprende'. 

Les agradezco siempre su tiempo y amistad. 


 

 

Comentarios

  1. Está increíble la entrada de blog... Sentí relatabas no solo tú historia sino la de toda nuestra generación :O

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  2. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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Al igual que Tú, también he soñado:

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