Dicen que de las crisis surgen las oportunidades. Llevo años dándole vuelta a este asunto de nutrir el blog y constantemente me pongo pretextos para no hacerlo. Ante la situación sanitaria que nos tiene a muchos fuera de las actividades rutinarias, es que me he vuelto a plantear escribir aquí.
La situación a grandes rasgos es esta: estamos en alerta por la propagación del virus SARS-Cov2 (Covid19), las autoridades educativas federales han decretado la suspención de clases en todas las escuelas del país con el fin de mitigar el contagio y sabemos que la lejanía de las zonas rurales no exenta a la población de ser alcanzada por esta, la última pandemia.
Es así que a partir de la tarde del viernes 20 de marzo, se suspendieron las actividades escolares en todo país, incluyendo el Bachillerato Digital núm. 240. Sabemos que para el rubro sanitario, la decisión fue la más esperanzadora para un amplio sector de la población que veía venir una amenaza sin precedente. Pero, respecto a los asuntos académicos y escolares, quienes trabajamos al servicio de la educación enfrentamos también el reto de cómo darle seguimiento al proceso de enseñanza-aprendizaje ante la situación de aislamiento.
Quiero explicar lo que sucede en mi contexto desde dos puntos esenciales: a) el uso de las tecnologías de la información y la comunicación, y b) las circunstancias de las escuelas rurales.
El primer punto tiene que ver con la dirección o flujo de la información desde las instituciones educativas hacia la comunidad de estudiantes. Aunque es un tema previsto en el plan de estudios de la Educación Media Superior desde hace algunos años, las plataformas de educación a distancia aún no tienen el auge para salir al quite en las condiciones en las que nos encontramos. Es por eso que no habiendo una plataforma oficial para llevar a cabo actividades fuera del aula, dadas las circunstancias, muchos docentes hemos recurrido a otro tipo de recursos: las redes sociales; las más usuales, Facebook y Whatsapp. Previo a que la información se comparta por estas vías, los maestros deberíamos de elaborar los recursos didácticos multimedia (documentos electrónicos, videos, grabaciones de audio), pero es sorprendente cómo un notable sector del magisterio no sabe utilizar las herramientas para construirlas y por eso optan por simplemente replicar los materiales que alguien en otro lugar y bajo otro contexto ha creado. En el peor de los casos, hay quienes simplemente omiten las circunstancias y suspenden toda actividad hasta tener nuevamente encuentros presenciales en el aula.
El segundo aspecto escala a la respuesta que se espera de parte de los alumnos. Suponiendo que los profesores han dispuesto materiales y actividades para trabajar durante el periodo de distancia social, en las zonas rurales encontraremos limitaciones con el acceso a internet. El más obvio parece ser que por la lejanía, los servicios de telecomunicación son defectuosos. Tan solo en La Lagunilla, Tetela de Ocampo, la señal de telefonía movil no es constante y su mejor desempeño es para hacer o recibir llamadas, así como mensajes SMS. Los datos son inútiles en la mayoría del área. La otra opción, la conexión Wi-Fi, parece todavia un privilegio económico que no se pueden dar las familias. Aún así, hay quienes ofertan tiempo de acceso a internet por módicas cuotas. El problema que se deriva de este último servicio es la saturación y por ende la intermitencia en la recepción. Así pues, aunque el recurso didáctico exista, los estudiantes sin acceso constante a la red no pueden visualizarlo ni enterarse a tiempo cuando hay nuevas actividades.
Vivimos un momento crítico en el que también se nos presenta la oportunidad para enmendar las deudas técnicas y de conocimiento. El aislamiento nos enfrenta a analizar situaciones y proponer la solución inmediata de aspectos que heredarán un beneficio a la educación escolarizada, no solamente para enfrentar escenarios adversos, sino para enriquecer los procesos educativos cotidianos. Los maestros tenemos que consolidar el uso de las TIC's y generar espacios virtuales adecuados para nuestro contexto. Los alumnos tienen también la oportunidad de demostrar sus habilidades de previsión y organización, para que saquen el máximo provecho a pesar de las desventajas de la conexión.
Por último, las autoridades educativas tienen frente a ellas un diagnóstico que también es urgente atender, pues la calidad de la educación la hacemos todos, pero cada quien aportando lo que le corresponde. La demanda que desde aquí se hace es para que a todo el territorio nacional se le provea de acceso a internet con fines educativos y de entretenimiento. Ah, y por supuesto para el cuidado de la salud.
La situación a grandes rasgos es esta: estamos en alerta por la propagación del virus SARS-Cov2 (Covid19), las autoridades educativas federales han decretado la suspención de clases en todas las escuelas del país con el fin de mitigar el contagio y sabemos que la lejanía de las zonas rurales no exenta a la población de ser alcanzada por esta, la última pandemia.
Es así que a partir de la tarde del viernes 20 de marzo, se suspendieron las actividades escolares en todo país, incluyendo el Bachillerato Digital núm. 240. Sabemos que para el rubro sanitario, la decisión fue la más esperanzadora para un amplio sector de la población que veía venir una amenaza sin precedente. Pero, respecto a los asuntos académicos y escolares, quienes trabajamos al servicio de la educación enfrentamos también el reto de cómo darle seguimiento al proceso de enseñanza-aprendizaje ante la situación de aislamiento.
Quiero explicar lo que sucede en mi contexto desde dos puntos esenciales: a) el uso de las tecnologías de la información y la comunicación, y b) las circunstancias de las escuelas rurales.
El primer punto tiene que ver con la dirección o flujo de la información desde las instituciones educativas hacia la comunidad de estudiantes. Aunque es un tema previsto en el plan de estudios de la Educación Media Superior desde hace algunos años, las plataformas de educación a distancia aún no tienen el auge para salir al quite en las condiciones en las que nos encontramos. Es por eso que no habiendo una plataforma oficial para llevar a cabo actividades fuera del aula, dadas las circunstancias, muchos docentes hemos recurrido a otro tipo de recursos: las redes sociales; las más usuales, Facebook y Whatsapp. Previo a que la información se comparta por estas vías, los maestros deberíamos de elaborar los recursos didácticos multimedia (documentos electrónicos, videos, grabaciones de audio), pero es sorprendente cómo un notable sector del magisterio no sabe utilizar las herramientas para construirlas y por eso optan por simplemente replicar los materiales que alguien en otro lugar y bajo otro contexto ha creado. En el peor de los casos, hay quienes simplemente omiten las circunstancias y suspenden toda actividad hasta tener nuevamente encuentros presenciales en el aula.
El segundo aspecto escala a la respuesta que se espera de parte de los alumnos. Suponiendo que los profesores han dispuesto materiales y actividades para trabajar durante el periodo de distancia social, en las zonas rurales encontraremos limitaciones con el acceso a internet. El más obvio parece ser que por la lejanía, los servicios de telecomunicación son defectuosos. Tan solo en La Lagunilla, Tetela de Ocampo, la señal de telefonía movil no es constante y su mejor desempeño es para hacer o recibir llamadas, así como mensajes SMS. Los datos son inútiles en la mayoría del área. La otra opción, la conexión Wi-Fi, parece todavia un privilegio económico que no se pueden dar las familias. Aún así, hay quienes ofertan tiempo de acceso a internet por módicas cuotas. El problema que se deriva de este último servicio es la saturación y por ende la intermitencia en la recepción. Así pues, aunque el recurso didáctico exista, los estudiantes sin acceso constante a la red no pueden visualizarlo ni enterarse a tiempo cuando hay nuevas actividades.
Vivimos un momento crítico en el que también se nos presenta la oportunidad para enmendar las deudas técnicas y de conocimiento. El aislamiento nos enfrenta a analizar situaciones y proponer la solución inmediata de aspectos que heredarán un beneficio a la educación escolarizada, no solamente para enfrentar escenarios adversos, sino para enriquecer los procesos educativos cotidianos. Los maestros tenemos que consolidar el uso de las TIC's y generar espacios virtuales adecuados para nuestro contexto. Los alumnos tienen también la oportunidad de demostrar sus habilidades de previsión y organización, para que saquen el máximo provecho a pesar de las desventajas de la conexión.
Por último, las autoridades educativas tienen frente a ellas un diagnóstico que también es urgente atender, pues la calidad de la educación la hacemos todos, pero cada quien aportando lo que le corresponde. La demanda que desde aquí se hace es para que a todo el territorio nacional se le provea de acceso a internet con fines educativos y de entretenimiento. Ah, y por supuesto para el cuidado de la salud.
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