Alguna vez soñé que:
Como mencioné en la entrada anterior, en el Bachillerato Digital núm. 240 llevamos a cabo un ejercicio para conocer la opinión de los estudiantes acerca de las actividades de aprendizaje a distancia. Anticipé también que lamentablemente había subestimado a mis alumnos, pero esto lo supe una vez terminado este periodo y gracias a la herramienta que me permitió sondearlos. Pero, ¿por qué sucedió esto?
Vayamos por partes.
Ante la pregunta de cómo ha estado su ánimo durante el periodo que no hemos asistido a la escuela, el 50% manifestó que se han sentido insatisfechos.
Pero un nada despreciable 24% expresó que se ha sentido Satisfecho o Muy satisfecho, mientras que el 26% restante se mostró neutral.
Esto es entendible y refleja que la escuela es un espacio donde no solamente se comparte el saber, sino que es el lugar donde se socializa con mayor frecuencia, asumo, durante la adolescencia. Ir a la escuela permite ver a los amigos, confiarse secretos, jugarse bromas, competir sanamente, entre otras actividades que suben el ánimo (indispensable para un mejor aprendizaje).
También, el hecho de que los jóvenes estuvieran en casa significó, para algunos de ellos y para los padres de familia, cierta disponibilidad para realizar otras actividades como salir a trabajar y apoyar en las labores domésticas. Ninguna de las dos es recriminable, sin embargo, la dedicación a realizar las tareas y a estudiar, ocupó la tercera posición en cuanto a tiempo dedicado durante este periodo, después de las ya mencionadas que pueden suponer monotonía. La última posición identificada fue para despejar la mente y descansar.
Estos factores indican y pueden justificar el porqué se sintieron insatisfechos, pero aún no están relacionados con lo académico. En ese rubro, los alumnos dijeron estar de acuerdo en que los docentes hicieron muy bien su labor y que los trabajos que asignaban fueron adecuados (85%), así como haber cumplido siempre o casi siempre en el seguimiento a las clases (63%). La calidad de las clases, o mejor dicho los recursos puestos a su disposición para su aprendizaje, fue calificado en promedio como muy bueno por el 81% de los jóvenes.
De los datos anteriores destaca que el 37% no consideró un cumplimiento constante de parte de nosotros los docentes. Esto pudo estar en relación a lo dicho desde un principio: subestimar en algún momento la capacidad de los alumnos para atender las clases. Hubo algunos días en que personalmente consideré que era mejor no saturar a los estudiantes con más tareas y por eso decidí no asignarles más trabajos para que se pusieran al corriente quienes no habían entregado los anteriores, dando así (quizá) la percepción de que no estábamos cumpliendo con nuestra parte.
Además de esta apreciación, los alumnos tuvieron la oportunidad de autoevaluar su desempeño, arrojando los siguientes datos:
* El 62% está de acuerdo en que siempre que tuvo dudas de algún tema o en alguna tarea, le preguntó al maestro correspondiente.
* El 53% acepta que solamente cumplió con las tareas de las materias que le agradan.
* El 45% dice haber aprendido bien los temas con los recursos disponibles; el 50% no tan bien como debería y sólo el 5%, lamentablemente, dice no haber aprendido algo.
* En cuanto a las razones por las que no enviaron todas sus tareas, así se distribuyeron los motivos:
- Problemas de conexión o falta de un dispositivo, 34%.
- Tener que trabajar o hacer otras actividades en casa, 25%.
- Desinterés de su parte, 21%.
- Problemas económico-familiares, 19%.
Queda de manifiesto que la mala calidad de la señal de internet y la nula posesión de redes WiFi es la principal limitante para que los programas de aprendizaje a distancia en las zonas rurales sean notoriamente exitosas.
Pero aún con eso, nuestro compromiso como docentes es no dejar de elaborar materiales, así como ponerlos a su disposición para motivar a los estudiantes en cada momento del ciclo escolar y estas herramientas deben ser dinámicas, interactivas, explícitas, y en la medida de lo posible, colectivas.
Por último, el último actor involucrado en el proceso de enseñanza - aprendizaje es el padre de familia y también hubo oportunidad de evaluar su participación. Si bien en este nivel educativo los jóvenes deben verse más independientes en todas sus actividades, la presencia de los tutores es necesaria como supervisión de esa responsabilidad que los estudiantes están adquiriendo con los años. De ellos, un 62% los chicos dijeron que estaban de acuerdo en que sus padres se preocuparon por sus actividades escolares y que influyeron de manera positiva en el cumplimiento de las mismas (56%).
A todos los involucrados nos gustaría que las circunstancias se normalizaran lo más pronto posible, pero esta experiencia nos está indicando qué hacer en caso de que el aprendizaje a distancia continúe. Ya están identificadas las áreas de oportunidad y solamente se requiere del compromiso para que cada uno cumpla con su parte.
Como mencioné en la entrada anterior, en el Bachillerato Digital núm. 240 llevamos a cabo un ejercicio para conocer la opinión de los estudiantes acerca de las actividades de aprendizaje a distancia. Anticipé también que lamentablemente había subestimado a mis alumnos, pero esto lo supe una vez terminado este periodo y gracias a la herramienta que me permitió sondearlos. Pero, ¿por qué sucedió esto?
Vayamos por partes.
Ante la pregunta de cómo ha estado su ánimo durante el periodo que no hemos asistido a la escuela, el 50% manifestó que se han sentido insatisfechos.
Pero un nada despreciable 24% expresó que se ha sentido Satisfecho o Muy satisfecho, mientras que el 26% restante se mostró neutral.
Esto es entendible y refleja que la escuela es un espacio donde no solamente se comparte el saber, sino que es el lugar donde se socializa con mayor frecuencia, asumo, durante la adolescencia. Ir a la escuela permite ver a los amigos, confiarse secretos, jugarse bromas, competir sanamente, entre otras actividades que suben el ánimo (indispensable para un mejor aprendizaje).
También, el hecho de que los jóvenes estuvieran en casa significó, para algunos de ellos y para los padres de familia, cierta disponibilidad para realizar otras actividades como salir a trabajar y apoyar en las labores domésticas. Ninguna de las dos es recriminable, sin embargo, la dedicación a realizar las tareas y a estudiar, ocupó la tercera posición en cuanto a tiempo dedicado durante este periodo, después de las ya mencionadas que pueden suponer monotonía. La última posición identificada fue para despejar la mente y descansar.
Estos factores indican y pueden justificar el porqué se sintieron insatisfechos, pero aún no están relacionados con lo académico. En ese rubro, los alumnos dijeron estar de acuerdo en que los docentes hicieron muy bien su labor y que los trabajos que asignaban fueron adecuados (85%), así como haber cumplido siempre o casi siempre en el seguimiento a las clases (63%). La calidad de las clases, o mejor dicho los recursos puestos a su disposición para su aprendizaje, fue calificado en promedio como muy bueno por el 81% de los jóvenes.
De los datos anteriores destaca que el 37% no consideró un cumplimiento constante de parte de nosotros los docentes. Esto pudo estar en relación a lo dicho desde un principio: subestimar en algún momento la capacidad de los alumnos para atender las clases. Hubo algunos días en que personalmente consideré que era mejor no saturar a los estudiantes con más tareas y por eso decidí no asignarles más trabajos para que se pusieran al corriente quienes no habían entregado los anteriores, dando así (quizá) la percepción de que no estábamos cumpliendo con nuestra parte.
Además de esta apreciación, los alumnos tuvieron la oportunidad de autoevaluar su desempeño, arrojando los siguientes datos:
* El 62% está de acuerdo en que siempre que tuvo dudas de algún tema o en alguna tarea, le preguntó al maestro correspondiente.
* El 53% acepta que solamente cumplió con las tareas de las materias que le agradan.
* El 45% dice haber aprendido bien los temas con los recursos disponibles; el 50% no tan bien como debería y sólo el 5%, lamentablemente, dice no haber aprendido algo.
* En cuanto a las razones por las que no enviaron todas sus tareas, así se distribuyeron los motivos:
- Problemas de conexión o falta de un dispositivo, 34%.
- Tener que trabajar o hacer otras actividades en casa, 25%.
- Desinterés de su parte, 21%.
- Problemas económico-familiares, 19%.
Queda de manifiesto que la mala calidad de la señal de internet y la nula posesión de redes WiFi es la principal limitante para que los programas de aprendizaje a distancia en las zonas rurales sean notoriamente exitosas.

Pero aún con eso, nuestro compromiso como docentes es no dejar de elaborar materiales, así como ponerlos a su disposición para motivar a los estudiantes en cada momento del ciclo escolar y estas herramientas deben ser dinámicas, interactivas, explícitas, y en la medida de lo posible, colectivas.
Por último, el último actor involucrado en el proceso de enseñanza - aprendizaje es el padre de familia y también hubo oportunidad de evaluar su participación. Si bien en este nivel educativo los jóvenes deben verse más independientes en todas sus actividades, la presencia de los tutores es necesaria como supervisión de esa responsabilidad que los estudiantes están adquiriendo con los años. De ellos, un 62% los chicos dijeron que estaban de acuerdo en que sus padres se preocuparon por sus actividades escolares y que influyeron de manera positiva en el cumplimiento de las mismas (56%).
A todos los involucrados nos gustaría que las circunstancias se normalizaran lo más pronto posible, pero esta experiencia nos está indicando qué hacer en caso de que el aprendizaje a distancia continúe. Ya están identificadas las áreas de oportunidad y solamente se requiere del compromiso para que cada uno cumpla con su parte.

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