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Nada de papi; ¡Señor Profesor!

Alguna vez soñé que:

Como a muchos padres de familia, las circunstancias sanitarias me llevaron a realizar actividades de apoyo para las tareas escolares de mi hijo. A diferencia de mi centro de trabajo, su escuela es de otro nivel educativo (Primaria), está en la cabecera municipal y en su grupo son más de treinta alumnos. Él, mi hijo, actualmente tiene ocho años y está cursando el tercer grado.

Para fortuna de muchos, finalmente hoy termina este ejercicio sin precedente en el que los tutores tuvimos que hacer espacio en nuestras actividades (también afectadas por el tema Covid) para no dar por perdido el ciclo escolar. Así que en medio de las circunstancias, ¿para quién fue fácil esta situación? No creo que ni para los propios docentes, pues, a pesar de la experiencia en el trabajo con grupos, no es lo mismo tratar con los alumnos que con los propios hijos, ya que en un ambiente de mayor confianza pueden desatender las normas y hacer rezongos como nunca se los harían a la maestra en un salón de clase. El siguiente grado de dificultad, independientemente de las profesiones parentales, pudo haber sido la "falta de ritmo" o la escasa familiaridad con los temas académicos para poder dar la asesoría a sus hijos.

Para que esto funcionara en casa, adoptamos una rutina que iniciabamos mi esposa y yo a las 6:30 de la mañana para duchas, desayunos y el traslado de ella a la clínica. De forma puntual y cada jornada a las 9 am, la maestra del grupo nos dio los buenos días y envió actividades de tres materias: Español y Matemáticas, seguro, más una que variaba con el día de la semana, pudiendo ser Ciencias Naturales, Formación cívica y ética o La entidad donde vivo. A esa hora, procuraba yo que mi hijo ya estuviera activo e hiciera un repaso de Inglés, que a pesar de no ser asignatura escolar para él, ya teníamos un trato para que aprendiera a través de una aplicación. Tomaba su desayuno y leíamos cuáles serían sus tareas. Él elegía el orden para hacerlas. Mientras se ocupaba en resolverlas a mi lado, yo también hacía presentaciones, redactaba documentos y planeaba los audios y videos para mis alumnos. Pero llegó un momento en que alternar entre lo suyo y lo mio no me permitía concentrarme en ninguna de las dos actividades y opté por terminar primero sus tareas y darle su 'recreo' mientras finalmente yo concretaba mis responsabilidades docentes, procurando terminar antes de las 3 pm. Las tardes prácticamente fueron libres para él, mientras yo las dediqué a recibir trabajos, responder mensajes y preparar otros materiales. Casi de noche, hacíamos un poco de ejercicio en familia y así él aprendió a saltar de cuerda (hubieran visto la emoción de la primera vez que brincó diez veces seguidas). Rematabamos haciendo una sesión de Smartick, otra app que nos ayuda con las matemáticas y que recomiendo ampliamente.

Hasta aquí pareciera muy ordenado el asunto, pero para él no creo que todo haya sido asombroso pues, conforme pasaban los días, preguntaba más interesado que cuándo iban a ser las vacaciones. Estoy seguro que extraña ir a la escuela, no por el gusto enardecido al estudio o porque yo sea con él más regañón que con mis propios alumnos, sino por la convivencia y el trato con otros niños. Creo que eso a todos les brinda energía y da alegría.

También supongo que, como para mí, muchos padres tuvieron la disyuntiva entre aplicar rigor (lo que generaría una tensa situación) o aflojar el paso y, como medida desesperada, esperar el curso remedial. No fue sencillo. Aún con esta experiencia terminada (al menos para el ciclo 19-20), acepto que me faltó mejorar en ciertos aspectos y deseo ser su referente para no dejar de aprender. Pero también tengo esa pizca de satisfacción de haberle podido explicar a mi manera algunas ideas que a veces se llega a creer que son solamente asuntos escolares. En esos momentos, pensé estar formando una relación de complicidad que le permita, cuando esté de regreso en el aula, demostrar que invertimos bien el tiempo.

De cualquier forma, prefiero que mi hijo estudie en su propia escuela, al lado de sus compañeritos y frente a una persona que su labor sea brindarles atención durante su proceso de aprendizaje. Aquí en casa complementaremos y recibirá la educación para que le saque el máximo provecho.

Agradezco a su maestra que todos y cada uno de los días haya mantenido el contacto mediante el grupo de WhatsApp y estuviera dispuesta a aclarar las dudas si así se requería.

Comentarios

  1. Así es profe como padres solo nos resta decir gracias a las maestras y/o maestros que han estado a nuestro lado incluído usted por supuesto, por que hay cosas que nada más no sabe uno y que como ponen en jake
    Y luego al ver los hijos q estoy pensando entendiendo la clase para decirle de que trata te dicen:
    "Mamá y cuando eras niña todavía había dinosaurios"
    Válgame Dios !!!!! En su infita inocencia de los pequeños......
    No hijo lo que pasa es que día con día hay más descubrimientos, más cosas que aprender, nuevas investigaciones
    Y heme aquí ya hasta comparten conmigo el gusto por la investigación y los documentales y por eso descubrir el espacio y los planetas y todo lo que haya por descubrir es curioso pero eso era algo muy mío muy personal desde que era niña y pensaba que era una locura la gente no tenía los mismos intereses que yo .........
    Y ahora compartimos mi gusto y mi secreto ya no es tan secreto 😏
    Si esto de la pandemia ha sido un gran reto y una situación difícil en diferentes ámbitos social y económico, pero también una oportunidad para conocernos mejor, platicar y conocer nuestros intereses.
    O almenos conocer más afondo a los hijos

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Al igual que Tú, también he soñado:

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