Alguna vez soñé que:
Después de más de setenta días de suspención de actividades presenciales en las escuelas de todos los niveles educativos en el estado de Puebla, comparto mi testimonio desde dos perspectivas: como docente de Educación Media Superior y como padre de un menor en tercer grado de primaria.
Ya había descrito las circunstancias del entorno donde se encuentra mi centro de trabajo: desfavorables, aunque no imposibilitantes. En ese marco, cada día he trabajado en la generación de contenido buscando que se adapte a la mayoría de los estudiantes y a los dispositivos que manejan. Preparo presentaciones en PowerPoint que luego importo al formato PDF para que cualquiera lo pueda visualizar; grabo videos breves pensando en que puedan descargarlos fácilmente durante sus inestables conexiones a la red y procurando no saturar la memoria de sus teléfonos; les comparto audios donde me explayo un poco más a fin de puntualizar dudas que los documentos pudieran generar; entre otras estrategias como las llamadas telefónicas, actividades en los grupos de Facebook y conversaciones mediante WhatsApp. (¡Ah! No había mencionado que son diez asignaturas para tres grados).
Aun así me siento con buen ritmo. Creo que hasta este punto no he saturado de actividades a los jóvenes y no he tenido sobredemanda de tiempo para la revisión y retroalimentación de las tareas. Pero esto porque es una escuela rural. La verdad es que imagino que los compañeros docentes que están en la ciudad seguramente han sacrificado algo que yo todavía no.
Todo este trayecto ha tenido altas y bajas. Y en este momento he detectado una disminución en las participaciones de los alumnos. Aun así, no pierdo el optimismo. Tradicionalmente son fechas en las que año con año nuestro plantel tiene asistencia irregular: el mes de mayo tiene muchas suspenciones por el día del trabajo, la conmemoración de la batalla del cinco de mayo, el día de las madres (con sus respectivos ensayos para el evento social), el día del maestro (también con variadas celebraciones); el inicio de la temporada de cosecha de chile, la fiesta patronal de la comunidad y diferentes gestiones para el cierre del ciclo escolar. No se puede negar que el ánimo de algunos alumnos esté desgastado y estén ignorando sus trabajos académicos por la falta de estímulos directos, como la presencia y presión del maestro en el aula, pero puedo aventurarme a decir que esto estaba hasta previsto.
En la parte más activa de esta temporada, los alumnos que de cualquier forma destacaban en las clases presenciales, siguieron con esa tendencia en el periodo de aislamiento; en el caso de los alumnos de bajo rendimiento, fueron quienes acentuaron su comportamiento y son candidatos naturales para el periodo de regularización, previo al inicio del próximo ciclo escolar. Nuestra más importante tarea como profesores está con el sector intermedio para integrarlo a los jóvenes responsables y que no se sumen a los que han soltado la esperanza de aprender, culpando a las circunstancias.
Otro elemento que he incorporado a las situaciones de aprendizaje es el tema pandémico para justificar las actividades. Por ejemplo, en cuarto semestre, donde el eje de las asignaturas de comunicación es la argumentación, los discuros, los debates y los foros los tratamos desde lo que cada alumno vive a partir de esta situación. A los alumnos de sexto semestre, en la materia de Taller de Medios de Comunicación, les he pedido actividades que fomenten hábitos de higiene para evitar la propagación del virus en la comunidad, así como para promocionar nuestra escuela mostrando la forma como trabajan a la distancia. Habrá quien vea una sobreexposición al tema Covid y el estrés que se puede generar a partir de esto, pero académicamente es una oportunidad para contribuir a la comprensión regional de este fenómeno, generar alternativas para la convivencia en el marco de la nueva normalidad y porque cualquier coyuntura puede ser aprovechada para su estudio.
Termino esta entrada destacando que, basado en el aprendizaje por competencias, los alumnos de Media Superior son los más indicados para la educación a distancia (frente a los alumnos de educación básica), pues destaco que su capacidad e independencia les tiene que llevar a aprender por iniciativa e interés propio, como reza una de las competencias genéricas.
Ya en otra entrega, comentaré el segundo punto de vista de este periodo de la escuela en casa. Siendo yo el receptor de esas actividades que mandan los maestros.
Después de más de setenta días de suspención de actividades presenciales en las escuelas de todos los niveles educativos en el estado de Puebla, comparto mi testimonio desde dos perspectivas: como docente de Educación Media Superior y como padre de un menor en tercer grado de primaria.
Ya había descrito las circunstancias del entorno donde se encuentra mi centro de trabajo: desfavorables, aunque no imposibilitantes. En ese marco, cada día he trabajado en la generación de contenido buscando que se adapte a la mayoría de los estudiantes y a los dispositivos que manejan. Preparo presentaciones en PowerPoint que luego importo al formato PDF para que cualquiera lo pueda visualizar; grabo videos breves pensando en que puedan descargarlos fácilmente durante sus inestables conexiones a la red y procurando no saturar la memoria de sus teléfonos; les comparto audios donde me explayo un poco más a fin de puntualizar dudas que los documentos pudieran generar; entre otras estrategias como las llamadas telefónicas, actividades en los grupos de Facebook y conversaciones mediante WhatsApp. (¡Ah! No había mencionado que son diez asignaturas para tres grados).
Aun así me siento con buen ritmo. Creo que hasta este punto no he saturado de actividades a los jóvenes y no he tenido sobredemanda de tiempo para la revisión y retroalimentación de las tareas. Pero esto porque es una escuela rural. La verdad es que imagino que los compañeros docentes que están en la ciudad seguramente han sacrificado algo que yo todavía no.
Todo este trayecto ha tenido altas y bajas. Y en este momento he detectado una disminución en las participaciones de los alumnos. Aun así, no pierdo el optimismo. Tradicionalmente son fechas en las que año con año nuestro plantel tiene asistencia irregular: el mes de mayo tiene muchas suspenciones por el día del trabajo, la conmemoración de la batalla del cinco de mayo, el día de las madres (con sus respectivos ensayos para el evento social), el día del maestro (también con variadas celebraciones); el inicio de la temporada de cosecha de chile, la fiesta patronal de la comunidad y diferentes gestiones para el cierre del ciclo escolar. No se puede negar que el ánimo de algunos alumnos esté desgastado y estén ignorando sus trabajos académicos por la falta de estímulos directos, como la presencia y presión del maestro en el aula, pero puedo aventurarme a decir que esto estaba hasta previsto.
En la parte más activa de esta temporada, los alumnos que de cualquier forma destacaban en las clases presenciales, siguieron con esa tendencia en el periodo de aislamiento; en el caso de los alumnos de bajo rendimiento, fueron quienes acentuaron su comportamiento y son candidatos naturales para el periodo de regularización, previo al inicio del próximo ciclo escolar. Nuestra más importante tarea como profesores está con el sector intermedio para integrarlo a los jóvenes responsables y que no se sumen a los que han soltado la esperanza de aprender, culpando a las circunstancias.
Otro elemento que he incorporado a las situaciones de aprendizaje es el tema pandémico para justificar las actividades. Por ejemplo, en cuarto semestre, donde el eje de las asignaturas de comunicación es la argumentación, los discuros, los debates y los foros los tratamos desde lo que cada alumno vive a partir de esta situación. A los alumnos de sexto semestre, en la materia de Taller de Medios de Comunicación, les he pedido actividades que fomenten hábitos de higiene para evitar la propagación del virus en la comunidad, así como para promocionar nuestra escuela mostrando la forma como trabajan a la distancia. Habrá quien vea una sobreexposición al tema Covid y el estrés que se puede generar a partir de esto, pero académicamente es una oportunidad para contribuir a la comprensión regional de este fenómeno, generar alternativas para la convivencia en el marco de la nueva normalidad y porque cualquier coyuntura puede ser aprovechada para su estudio.
Termino esta entrada destacando que, basado en el aprendizaje por competencias, los alumnos de Media Superior son los más indicados para la educación a distancia (frente a los alumnos de educación básica), pues destaco que su capacidad e independencia les tiene que llevar a aprender por iniciativa e interés propio, como reza una de las competencias genéricas.
Ya en otra entrega, comentaré el segundo punto de vista de este periodo de la escuela en casa. Siendo yo el receptor de esas actividades que mandan los maestros.
Es agradable el ver como entiende a sus alumnos, del que tiene miedo de perder algunos debido a la epidemia que llegó afectar a las clases y obviamente uno aprende más con la presencia y presión del maestro, pero también hay que poner de nuestra parte como alumnos.
ResponderBorrarMe gusta como relata lo que ha vivido en esta cuarentena y la forma que enseña.
Gracias por el tiempo dedicado a leer lo que escribo. Se hace lo que está a nuestro alcance. Voluntad sobra.
ResponderBorrar