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Inscripciones abiertas

Alguna vez soñé que:

Ya estamos con un pie dento del ciclo escolar 2020 - 2021, peculiar por varios motivos derivados de la última pandemia. Aun así, como lo he expresado en los episodios del podcast, no podemos detenernos en el camino hacia el aprendizaje a pesar de que este tramo es cuesta arriba. Pero previo a abordar las circunstancias que caracterizan mi situación actual como docente, me gustaría compartir los recuerdos que aun tengo presentes de cómo se dieron mis procesos de inscripción cuando me tocó ser estudiante.
 
Para ser sincero, en cuanto a mi educación preescolar y primaria no me tocó ser partícipe en la toma de decisiones, simplemente me imagino que en cuanto al kinder fue por la cercanía y como prerrogativa al trabajo de mi madre. Siempre me referí a él como la estancia infantil, que era parte del ISSSTEP. La primaria la hice en la oficial José Mariano Jiménez, de La Margarita, porque esa era la más cercana a mi casa.
 
Aunque la secundaria técnica número 63 también estaba en corto, ahí sí ya fue que participé al elegir escuela (al menos dando el visto bueno). En esos años se acostumbraba solicitar la ficha de inscripción haciendo fila desde al menos un día antes; así que en las familias se turnaban, sobre todo en las noches, para que tomaran lugar en la formación y les dieran la oportunidad de hacer el examen de admisión. 

Cuando se acercó el momento de ingresar al bachiller, pasaron por mi mente varias opciones. La decisión ya dependía completamente de mí. El factor cercanía jugaba a favor del Cobaep Plantel U-14, pero no me sentía muy animado a entrar ahí. No recuerdo el orden en que aparecieron en mi mente las escuelas, pero seguro al U-14 lo descarté porque la novia que tenía en aquel entonces iba a estudiar en un bachiller que está por el paseo Bravo, donde fui a solicitar ficha y ya no había. Otras opciones fueron la preparatoria de la Universidad Autónoma de Chapingo (porque me sonó atractivo ir a un internado), la preparatoria Benito Juárez de la BUAP (que era recurrida por algunos jóvenes de la zona oriente de la ciudad) y el CONALEP, Plantel Puebla III.

Para estas tres escuelas sí saqué ficha para el examen de admisión, pues rondaba el ánimo de que en una de esas se podía reprobar y teníamos que contar con opciones por si fallaba alguna. Confieso (si es que no lo he hecho antes) que en el caso de la prepa Chapingo, ya estando frente a la sede de aplicación en el CE Morelos, deserté pensando en que extrañaría mucho a mi familia y lo mejor era no arriesgarme a aprobar y tener que irme contra mi voluntad si los otros examenes no los pasaba. Sin embargo en mi casa dije que sí había hecho la prueba pero que los resultados se publicaron y ni cuenta me dí.

Hice entonces el examen para la Benito y en el Conalep. Afortunadamente pasé los dos exámenes, pero me incliné por el Cona porque obtuve una alta puntuación que me daba derecho a beca. De todas mis opciones, esta era la escuela más lejana pero en la que además iba a estudiar mi mejor amigo de la secundaria. Al final él no se inscribió ahí y entró al U-14. Así que me quedé sin novia y sin best friend, pero con beca para estudiar inglés y natación; ¡ah! y la reputación de malandrín y de fertilidad con la que ahora le hacen bullying en las redes.

La aventura de la universidad fue más tranquila. Esta ocasión sólo tuve una opción y fue un tiro de precisión. Elegí en un volado mental Comunicación sobre Arquitectura (que era la carrera que había fantaseado desde niño) en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. La fama era que se necesitaba un alto puntaje en esa carrera y eran puños de rechazados. Como lo dije antes, nuevamente la fortuna estuvo de mi lado y no fui de los que derramaron llanto por no ser admitidos en la máxima casa de estudios del estado.

En ninguno de los casos que les platico vinieron a buscarme hasta mi casa para invitarme a estudiar. Esto lo digo porque ya como docente, cada año en el Bachillerato Digital núm. 240 hacemos campañas de promoción para captar alumnos de nuevo ingreso, y a diferencia de lo que me ha tocado ver en otras instituciones, las escuelas del subsistema de Educación Media Superior al que pertenecemos, no podemos darnos el lujo de solamente poner una manta que anuncie la apertura de inscripciones.
 
El contexto nos lleva a buscar alternativas que van desde visitar las escuelas telesecundarias de la región para que quienes egresen de ellas nos vean como una opción para continuar con sus estudios, pegar carteles en las colectivas que recorren la zona de nuestra escuela, hacer pintas en paredes y rocas, colocar anuncios en cualquier espacio donde la gente transite, pero sobre todo, algo que nos ha caracterizado sobre las formas anteriores, ha sido el visitar casa por casa a nuestros futuros estudiantes. 

Esta no sería una tarea demasiado complicada si no fuera porque la serranía está repleta de subidas y bajadas en los montes, pero me ha dado la oportunidad de disfrutar de caminatas y paisajes admirables. He compartido, junto a mis compañeros maestros, la experiencia de intercambiar testimonios positivos y desagradables con padres de familia. Encontramos jóvenes que desean seguir estudiando y que su mamá se niega a enviarlos a la escuela. Hay casos en que los papás dicen que sus hijos son los que ya no quieren estudiar y por más que les insisten no hacen caso. Esos son los más desgastantes aunque estén en el centro de las comunidades. Pero es doblemente reconfortante cuando hayamos familias en que padres e hijos están en la sintonía de seguirse capacitando... aunque a veces en otra escuela.

Como sea, es una aventura que este año ha tenido el toque peculiar de la contingencia sanitaria y no por eso nos privamos de recorrer Tempextla, Omitlán, Xalmila y por supuesto La Lagunilla. Les dejo unas fotitos y un video que demuestran brevemente lo que les platico. También encontrarán el audio del podcast que grabé para esta semana con mis compañeros de trabajo. En él platicamos sobre este mismo asunto y otros temas que van de la mano. Participan la maestra Siri y el profe Omar. 
 
 
 
Por lo pronto eso es todo. Nos conectamos luego.






 
 
 




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