Alguna vez soñé que:
Esta ocasión haré un recuento de mi trayectoria como estudiante en las clases de matemáticas. Primero, desde mis tiempos de preescolar como muchos otros niños, aprendí formas y tamaños; la noción numérica la practicaba entonando la canción de los elefantes que se columpiaban, sumándose uno a uno, probando la resistencia de una telaraña. Durante la primaria no me dieron problemas y mi maestra de sexto grado, la profesora Carmelita, presumía de ser la "diablo de las matemáticas" porque su orgullo era que por las buenas o por las malas, todos sus alumnos debían aprender geometría y aritmética, al derecho y al revés.
Pero es de la secundaria de donde tengo mis recuerdos más agradables acerca del aprendizaje matemático. Concuerdan conmigo algunos contemporáneos en que el profesor Héctor de la Técnica 63 (a.k.a. Cepillín) fue un buen docente, y en particular yo añadiría que era buen motivador. Recuerdo el tono y ritmo que tenía al decir: "par-tici-pación"; esa era la señal para que todos prepararan lápices y cuaderno, para después hacer una fila y revisar si estaba bien contestado el problema planteado. Según el grado de complejidad se otorgaban una, dos o más participaciones que al acumularse hasta podíamos exentar el examen y tener un diez de calificación al final del bimestre. Ese tipo de competencia me agradó bastante porque contrastaba el ansia de nosotros como alumnos por querer llegar a su escritorio (ya que había un número limitado de revisiones para ser premiadas) con la tranquilidad con que el maestro nos dictaba el planteamiento. Eso fue en la generación 96 - 99, pero ya desde antes trabajaba ahí y creo que sigue dando clases en la misma escuela; no platicamos de eso la última vez que nos vimos casualmente en un centro comercial, justo antes de que iniciara la pandemia.
En mi paso por el Conalep (donde cursé la media superior y una carrera técnica), tuve clases con la maestra Amelia. De ella recuerdo su buen trato y personalidad agradable, así como la disciplina que imponía cuando alguien no se portaba bien. Durante ese tiempo, no perdí el gusto por las matemáticas que en ese momento eran referencia lógica para la programación.
El desastre vino en la universidad. Aunque no elegí la carrera de Comunicación con base al rechazo de los números, el profesor que impartía Estadística no era un apasionado de su área tanto como por el pomo, según se rumoraba.
En términos generales no es mala mi experiencia escolar, y en estos días he llevado a cabo una reflexión conjunta con un par de amistades para que otras personas puedan también disfrutar de ellas o al menos no aborrecerlas, como suelen haber casos.
En primera instancia, hace una semana conversé con mi compañero de zona escolar, Marco Polo Gil Michaca, para que desde su experiencia y conocimiento del área de las matemáticas nos hablara de cómo se deben abordar a la distancia estos temas, surgiendo un punto incuestionable: los maestros deben tener pasión por la asignatura que imparten. Al respecto parece que Nietzsche quisiera hacer su aportación, pues desde su texto 'Humano, demasiado humano' menciona que "No tienen verdadero interés por una ciencia los que no comienzan por entusiasmarse con ella, como si de hecho la hubieran descubierto" y también dice sobre este asunto que "El que enseña es la mayor parte del tiempo incapaz de tarea alguna para su propio bien, piensa en el bien de sus alumnos, y el conocimiento no le produce placer sino en tanto que pueda enseñarlo". Así que les recomiendo que vayan a escuchar ese episodio y analizar lo que planteamos.
Para el episodio de esta semana, charlé con mi entrañable amigo Jazz, mi primer roomie. Ya desde entonces nos enfrascábamos en emocionantes pláticas que siempre me dejaron una visión más amplia de las cosas. En esta ocasión, abordamos su experiencia desde el ámbito hogareño y en particular su paso por una escuela boliviana y el maestro que le impartió de forma amena las matemáticas. Atender esta conversación me dejó un grato sabor, pues de ella les puedo hacer la recomendación para que vean la película Con ganas de triunfar (Stand and Deliver) o al menos ver una reseña de la vida de un famoso profesor boliviano de matemáticas: Jaime Escalante.
Cerrando este asunto, aprovecho que también salió el tema de la literatura y una comparación con el reconocido 'Álgebra' de Baldor, para dejarles este Meme y la invitación para que no dejen de aprender. Ya ustedes saben que se vale comentar y compartir.

Comentarios
Publicar un comentario
Al igual que Tú, también he soñado: