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Por la cultura de México

Alguna vez soñé que:

Son varios los próceres nacionales que son homenajeados dándole nombre a las escuelas públicas del país. A la primaria oficial que se ubica sobre el Boulevard Fidel Velazquez (entrando por la 51 poniente, entre 36 y 40 sur), en la Unidad Habitacional La Margarita, le asignaron el nombre de José Mariano Jiménez. Nunca estuvo más cerca una escuela de mi casa que ésta, y eso ya le vale los honores al personaje del México independentista.

Vágamente, pero todavía recuerdo el primer día de clases en el que nos indicaban dónde estaba nuestro salón. La responsable del 1° B era la maestra Reina Aurora Zurita Flores, quien me acusó con mi mamá porque no hacía mis trabajos, pero sí les ayudaba a mis compañeros a hacer el suyo. Otros profes que tuve de segundo a sexto, fueron el maestro Delfino, la maestra Anita, el profe Salvador, la maestra Margarita Tapia Limón y la profa Carmen Sánchez.

Además de las matemáticas y el español, recuerdo que llevábamos Ciencias Sociales (que englobaba Historia, Geografía y Civismo) y Naturales. Ahí me tocó acostumbrarme a las ceremonias de los lunes y a participar en los desfiles del 12 de octubre por la Avenida Blás Chumacero.

Las tareas las hacía como única responsabilidad que tenía como niño y porque de parte del trabajo de mi madre nos daban una beca por tener un buen promedio. Repasar las tablas de multiplicar y las capitales de los estados, mientras mi mamá lavaba o cocinaba, son actividades que tengo bien en mente y que recuerdo con agrado por la forma en que ella implementó la mnemotecnia.

Desde entonces fui un chico inquieto y preguntón en clases, a tal grado de acusar que los libros tenían errores y que los maestros se equivocaban cuando hacían algún ejercicio en el pizarrón. Claro que no era cuestión de cada día ni que actuara yo riñendo, pero las experiencias ahí quedaron y me permitieron ser premiado con el tercer lugar de aprovechamiento de mi grupo cuando nos graduamos (de eso es la foto que acompaña estas letras).

De esa etapa, le he perdido la pista a muchos compañeros, pero afortunamente no a todos. Procuraré volver a ellos y charlar sobre aquella época en la que echábamos la cascarita al salir de clases, el concurso de poesía coral, las guardias y otras cosas que quizá haya olvidado. En cuanto lo platique, vendré de vuelta a este espacio para actualizar el chisme.

 

Ahora como padre, tengo el gusto de involucrarme como tutor en los asuntos escolares. Destaco esto porque tradicionalmente han sido las mujeres quienes se encargan por default de los niños y sus tareas. Confieso que es una tarea complicada y personalmente he pasado por dos etapas mientras mi hijo está cursando la primaria: una, en la que creí que siendo estricto le ayudaría a mi hijo a que tuviera buenas calificaciones, porque si lo sabía yo, entonces él también debía entenderlo fácil y a la primera. La otra, que surgió durante el confinamiento, me ha permitido ser más flexible y comprensivo, aunque no se me quita lo de ser papá enojón. Insisto en que no es algo sencillo, pero las circunstancias drásticas me llevan a reflexionar que yo mismo tuve un buen paso por ese nivel educativo y lo menos que se merece mi hijo, quien está privado de asistir a la escuela y convivir con otros niños de su edad, es tener una etapa tranquila mientras se termina la pandemia.

Y es que me queda claro que los conocimientos académicos no son todo lo que deben saber los niños; sus habilidades socioemocionales requieren también de atención. Por eso disfruté de cada charla que tuve durante la segunda temporada del Podcast "El que no enseña, no aprende". Fueron maravillosos episodios en los que padres y madres de familia se muestran preocupados por brindarle a sus hijos una infancia sana y feliz.

 


 

Este es el motivo por el que los invito a que escuchen los capítulos que agrupan dos grados cada uno, más uno extra en el que abordamos la Educación Física y Artística para reivindicar estas materias que algunos ven como relleno.  Por supuesto que el espacio para comentarios sigue abierto para que quien guste aportar más vivencias, nos permita ampliar nuestra visión de la escuela y el aprendizaje de este nivel elemental.

 

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